Fuck off.
—Hey. —a mí por aquel entonces me sonaba todo muy vano, muy vacío—. ¿Qué haces esta noche? ¿Tienes algún plan?
—Probablemente —respondí con un ronquido sordo. No me sorprendí. Él, muy a mi pesar, tampoco. Me palpé el cuello con cuidado y aclaré despacio mi garganta. Sentía la boca pegajosa y los conductos sanguíneos vacíos. Efectos secundarios del exceso, supongo.
—¿Cuándo se supone que se te acaba el permiso? —aquellas palabras me sonaron tan lejanas, tan angostas, que no me digné siguiera a responderlas.
Mike tenía la mirada clavada en las latas de cerveza a medio acabar y en los cigarrillos aún por empezar. No sabía qué hacía exactamente aquí, pero, ¿para qué mentirnos? No me interesaban una mierda sus razones.
—¿Cuándo te vas, Sloan?
Me limité a sonreír. ¿Qué cuándo me voy, dices? Qué pregunta más absurda, Mike. Yo nunca había abandonado aquel lugar. Me tenían amarrado de pies y manos. Los railes de mi vida se habían visto inmersos en un páramo árido de sensaciones y estéril en sentimientos.
—Mañana a primera hora. —supongo que fue aquí cuando todo terminó y empezó a la vez. Dejé una vida completamente ajena a mí tras la espalda y empecé una totalmente nueva que, poco a poco, iría consumiéndome las entrañas.

Mike se miró las palmas de las manos, absorto en quién sabe qué. Él también se había percatado de que éste se había convertido en el repentino final. Pero sabía, en lo más profundo de su interior, que era lo mejor. Para él, para mí. Para todos. Suspiré, resignado, mientras cogía un cigarrillo de la mesa y me lo acercaba a la boca. Saqué con cuidado el encendedor de mi bolsillo izquierdo y encendí la punta de lo que venía a ser mi muerte prematura y calculada. Mis labios exhalaron el humo con paciencia y dulzura, como si le estuvieran haciendo el amor. Ese vago pensamiento me revolvió las entrañas y mareó mi instinto. Así que tiré el cigarrillo lejos de mí.

—Hay un tal Ébola en la puerta —miré a Mike con cautela—.Dice que quiere verte. —no dije nada, al menos, no con los labios. Me levanté y empecé a caminar hacia la puerta, arrastrando con pesadez los pies. Íbamos a tener problemas. Y no precisamente de los que se solucionan a guantazo limpio.
—Sloan, espera. —se me acercó con el corazón en un puño y los ojos ligeramente desorbitados. Sólo era un crío—. ¿Por qué le llaman así?
Y fue entonces cuándo realmente lo tuve claro. Ni las drogas, ni el alcohol ni todas las putas a las que me había follado equivalían a una realidad sostenible en mi vida. La presencia del hijo de perra que me esperaba tras la puerta carcomida era lo único que me mantenía con los pies sobre la tierra. Y qué mal sabor de boca dejaba la verdad que escondían aquellas palabras.
—Porque te corroe por dentro con la rapidez de una mecha recién encendida. —entonces di media vuelta, abrí la puerta y, finalmente, me perdí.

12 comentarios:

  1. Ooh, increíble. Me ha encantado esta historia, y me he puesto en la piel del protagonista, y es asdfg, indescriptible. Y realmente, me pierdo en todos tus escritos, sigue así Kryptonite :)

    ¡Un beso bien grande!
    (y perdón para que nunca se que más comentarte)

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  2. Oh, ¡el final deja con ganas de más!
    Una manera muy cruda de relatar, es increíble. ¡Sigue así!

    Besitos :)

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  3. Hola, hola :)

    "supongo que fue ahí cuando..." Ese cuando no lleva tilde. Por lo demás me ha gustado mucho. Es un fragmento de algo mucho más grande, ¿no? Osea que no me entero de mucho y no tengo una línea temporal donde ubicarlo, espero ir imaginándolo mejor a medida que lea más fragmentos.

    (odio los finales abiertos, porque luego me monto mis películas yo sola. Eso quiere decir que estoy deseando leer otra entrada sobre estos personajes).

    ¡Un beso, K!

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  4. Está claro que sabes cómo hacer relatos abiertos, que dejan con ganas de más :)
    Un guiño ;)

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  5. ¡Quiero saber más!
    Ahora la curiosidad me acompaña, y quiero saber mucho más acerca de Mike, Sloan y Ébola.
    Sabes cómo hacernos sufrir con la espera, así que espero la continuación pronto:')

    (besos
    desde un
    lugar lejano
    a París)

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  6. ¡Quiero más, mucho más!
    Es increíble la forma en la que las palabras están ordenas, es increíble la historia.
    Quiero conocer más a Ébola.
    (poco a poco te vas convirtiendo en una de las mejores escritoras para mi:)

    (mimos con azúcar
    y un trocito
    de canela)

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  7. Coincido con el comentario anterior! QUiero más más!

    Maloles.

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  8. Me gustan las historias de tipos duros que no se andan con rodeos porque ya tienen demasiados que cabalgar. Y me gusta el nombre de Ébola. Mucho.


    beso.

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  9. Siempre he admirado a la gente que logra crear historias, y tú lo acabas de hacer. Es preciosa!!

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  10. Guau. No quiero parecer empalagosa (y mucho menos, pelota) pero es que no puedo pasar sin decírtelo. Eres increíble, de veras. Hay personas que escriben bien, pero creo que no basta con escribir simplemente bien. Eso es muy fácil. Tú tienes algo especial, en serio. Es como si crearas un mundo paralelo y me enviaras a él. Casi podía oler el cigarrillo apagado. Me encanta la forma en que tienes de captar cada movimiento, cada diálogo. Es muy intenso.
    Curioso el Ébola... hum. Y peligroso.
    Y por cierto, me parece un nombre muy acertado el tuyo. Debilitas a cualquiera con solo leerte :)
    Un besito gigante :D

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  11. Quisiera tenerte en mi biblioteca, definitivamente tienes mucho talento ♥ no dejes de escribir!

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  12. (ostras, empezando de cero con Sloan, y la carne de gallina)

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