our time is running out.
—No —dijo con un deje de fatiga—. No me sueltes.
—¿Y por qué no iba a hacerlo? —le respondí mientras intentaba entablar contacto visual—. Necesitas descansar. Por el amor de Dios, mírate las muñecas. Doc ha dicho que necesitas respirar aire fresco.
Ella intento reír, pero el dolor le renegó la sonrisa del rostro y la deformo hasta la mueca. Suspiró, dejando escapar el aire ahogado que le quedaba en los pulmones. Fuera sólo se oían los murmullos de los niños sin infancia, las caladas a los cigarrillos húmedos y los pasos que formaban las botas pesadas y danzantes. 
—Escucha, Soldado —levantó el rostro y clavó sus ojos brunos sobre los míos. Mi cuerpo se estremeció entre corrientes de placer y mareas de tortura—. Yo ya hace tiempo que dejé de respirar.
Aquellas palabras se me clavaron como cuchillos en el alma. O eso debería haber pasado si no la hubiera vendido al diablo tiempo atrás. Apreté las comisuras de los labios y me mordí las paredes de la boca. El sabor metálico me inundaba el paladar, recordándome quién era y dónde estaba. Pero, sobre todo, me recordó el porqué de la situación en la que me hallaba. Sigourney, sin embargo, siempre lo tuvo claro. El coraje y la ira le demacraron el tímido óvalo que formaba la claridad de su rostro. Le habían arrebatado el brillo de los ojos, oscuros como las lagunas de su espíritu, hundiendo su mirada entre bolsas violáceas y arrugas prematuras. Su cuerpo tiznado se vio mermado, además de dotado de surcos profundos y violentos, trazados por el rojo iracundo de la guerra. Y yo, ¿qué era yo?
—Necesitas descansar —repetí con ansiedad. Pero ella nunca me escuchaba. Le agarré las muñecas e intenté liberarla de las cadenas. Sigourney escupió sobre el suelo y se removió entre mis brazos—. ¡Para! Joder, ¡basta ya! ¡Las putas heridas se están abriendo!
—Si me sueltas —advirtió—, intentaré matarte. Y si lo consigo, huiré.
La miré, o, al menos, eso fue lo que intenté desde lo más profundo de mi corazón. Pero no pude, nunca logré hacerlo. Porque la culpa me removía las entrañas como lo hacían las olas de alcohol que morían día y noche junto a mi camastro. Pero allí estaba yo, ensimismado frente a las constelaciones que formaban los puntos cardinales de las pecas que reposaban a lo largo y ancho de su nariz. El cabello castaño le caía enmarañado sobre el rostro y el sudor hacia que se le pegara sobre la piel polvorienta. Los disparos y la sed del mundo lo habían intentado, sí, pero ella seguía manteniéndose hermosa y letal.
—Hazlo —me sorprendí diciendo—. Hazlo, si crees que eso es lo correcto.
Ella respiraba con impaciencia y dolor. Los gorgoteos de la sangre encharcada en sus pulmones llenaban todas y cada una de las cavidades de mi ser. Abrió la boca para decir quién sabe qué, pero el río púrpura que manaba de sus labios se lo impidió. Yo me levanté con vehemencia, con intenciones de llamar a Doc, pero ella gruñó a modo de protesta.
—Soldado —me llamó—. ¿Sabes? En realidad, no creo que quiera matarte. A estas alturas no podría ni replanteármelo.
Fue entonces cuando Ébola entró haciendo a un lado la lona de la tienda. Me miró, la miró y luego volvió a fijar su ojos sobre los míos. Todo lo demás sucedió muy rápido. Sólo sé que me levanté con un ojo cerrado y el corazón en un puño. Pero eso, como siempre, es otra historia.

5 comentarios:

  1. Hola :)
    Estoy muuuuy desaparecida, tenía planeadas un par de entradas en mi blog y nada, ahí se quedaron, en el pensamiento. También ponerme al día con todos los blogs pero es un correcorre por todas partes. Así que nada. ¡Me ha gustado mucho! Es un gusto leerte, espero que actualices pronto (y espero poder decirte algo con más chicha la próxima vez) Estoy desenchufada del pc xDDDDD
    ¡Un beso, K!

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  2. Cuando tus textos pasan de ser la hostia, a ser la rehostia. Simple y claro.

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  3. Este tipo de literatura es de mis preferidas. Me quedaré por aquí.

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  4. Siempre que te leo es como si estuviese leyendo un libro diferente, y puedo jurar que me encanta.
    No sé cómo lo haces, pero me enganchas desdela primera a la última palabra, Kryptonite.

    (besos
    desde algún
    lugar lejano
    a París)

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  5. guaaaaaaau *-*
    Sloan es increíble, ¡PUF!
    (y las ganas de devolverle el puñetazo a Ébola con un rugido, draugggr *bufido*)

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