—Fúmame el alma —susurró con labios húmedos—. Hoy. Aquí. Ahora.
«Condenada cría.»
—No sabes dónde te estás metiendo.
—Sí —respondió con una sonrisa tintada de rojo—; en tus pantalones.
El ardor que desprendían nuestros cuerpos nunca fue suficiente; mi corazón seguía bombeando hielo. Rítmico. Dispar. Una puta antítesis que me consumía hasta los cimientos. Las madrugadas bañadas en sudor y aullidos siempre quedaron enmarañadas entre los muelles de aquel sucio colchón. Sentí cómo los acordes tanteaban recelosos mi espalda magullada. El ruido baldado de las calles se colaba a través de los cristales rotos y golpeaba certero cada hueso y tendón. Uno a uno. Ardiéndome. Cerré los ojos y dejé de sentir su cuerpo bajo mi peso. Imaginé mis dedos enredados en el cabello de algún extraño, un cigarrillo sujeto entre unos labios, esos ojos diáfanos embarcados en negro. Luego estallé. Pelvis contra pelvis. Latido sobre latido. Sentía sus ojos desbordar clavados en los míos, sus convulsiones exaltadas en cada poro. Me estaba mirando desde abajo, con esa sonrisa lasciva desdibujada en los labios. Me estaba mirado, pero yo no conseguía ver nada.  Estaba ciego. De alcohol, tabaco, sudor. Mi mundo era ausente. 
Hizo ademán de coger la cajetilla de cigarros con la mano y se levantó, contoneándose a cada paso. Tenía la espalda teñida de rasguños, mordiscos traicioneros; el pelo enredado, húmedo como su entrepierna. Estaba viva. Su piel nívea, cubierta de constelaciones dispares, sus labios y esa mirada penetrante que conseguía aplacar al mismísimo diablo nunca fueron suficientes. Yo nunca fui suficiente. Estaba jodido. Estaba perdido. 
No existía.
«Tengo el corazón tan roto que cuando late me corta por dentro.»
Siento frío aquí, dentro de mi piel. Siento esa muerte lenta que me consume y me disipa en la nada más absoluta. Desfallezco, y ni las noches de sexo sucio ni los chutes de heroína en pleno esternón iban a evitar lo contrario.

4 comentarios:

  1. Hacía tiempo que no te leía y hoy me he pasado por aquí para recordar viejas sonrisas de cinismo. Por lo que veo sigues puliendo tu estilo de una manera muy consolidada y veo que te estás adentrando en el océano de las sensaciones destruidas despacito y con buena letra. Eso me gusta. Sigue así, K.

    Un besazo

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  2. Yo quiero leer más cosas tuyas. ¡Es que es genial! No he despegado los ojos de la pantalla ni un segundo y has conseguido que sonría todo el rato, desde la primera línea hasta la última. Ya te lo he dicho antes, pero te lo repito: me encanta esa fuerza que transmites. Me encanta.

    ¡Un beso!

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  3. Te odio mucho y muy fuerte por no estar más cerca. Aunque quizás me deba odiar a mí también por no estar allí contigo, por no sentir frío, contigo.

    Y lo que me gusta venir a leerte, ¿qué? Por lo menos así estoy un poco más cerca. Eso no lo sabes tú bien, Petit.

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  4. El joder por no sentir. Me he dado cuenta que estás yendo por un camino pedregoso, de letras crudas y personajes aún más disociados. ¿Continuará esta progresión hacia un nivel más alto de autorepresión?

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