exhalo fuego, mis tripas tiemblan. oigo el gruñido de aquel perro en la colina. estoy al borde del acantilado, apunto de, y en lo único en lo que puedo pensar es en irene; minúscula, con la voz rota y los ojos llorosos. siento un zambullido en las entrañas y el vértigo me obliga a dar un paso al frente. caigo. tengo el vientre hinchado, las uñas mordidas. yo también soy un rastro enfermo en la colina. cierro los ojos y me dejo caer. el perro me despedaza desde dentro. su tacto es frío, el hocico húmedo me recorre la piel de los muslos. despierto.