Joder, vuelvo a echarte de menos. Estoy sentado en calzoncillos en esa silla amarilla que tanto odias. Llevo así mucho tiempo, creo que no he salido de casa en varias semanas. He perdido la noción del tiempo, el rumbo y muy probablemente también la cordura. Pero, de verdad, no sé qué hacer si no te tengo por aquí dando brincos de un lado a otro. Echo de menos tu olor. Me pregunto si tú echas de menos el mío. No sé qué estarás haciendo ahora. Quizá estés bailando. Riendo. Llorando. No lo sé. Yo dejé de llorar hace tiempo, creo me siento completamente apático. El dolor me consume. O quizá es el alcohol. Tampoco lo sé. Joder, ¿te das cuenta? No sé nada. Absolutamente nada. Ni siquiera sé por qué estoy aquí, por qué te dejé marchar o por qué cojones dejé de reaccionar. Estoy cansado. 

Me alimento de recuerdos. A día de hoy me resulta insoportable vivir si no es a través de algún recuerdo. Ya sabes esa manía mía de retorcer todo lo que toco, así que te podrás imaginar qué es lo que hago con esos recuerdos. Los machaco, los mutilo y los desmembro uno a uno hasta no dejar nada. Tal y como hice contigo. 

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